Retrovisor_Mirar_atras

Hoy mis orejas sufrirán lo suyo. Atrás queda otro añito intenso e interesante. 12 meses llenos de aventuras de aquí para allá, conociendo gente espectacular de esa que te cambia la vida. Personas a las que no sabes cómo agradecer todo lo que aprendes y te motivas con ellas. Gente que quieres tener cerca, pero también compartir. Porque el resto también tiene derecho a vivirlo.

No ha sido fácil, aunque lo parezca. También ha habido que tomar decisiones difíciles, de esas que humedecen los ojos solo de pensarlas, pero que crees que son lo mejor para todos. Ha tocado echarse a un lado para dejar el agua fluir hasta que encuentre de nuevo su cauce. Su camino. El que merece la pena.

Pero, sobre todo, ha sido el año de descubrir un nuevo mundo que antes solo veía de lejos, con cierta envidia y admiración: el de los emprendedores sociales y sus apasionantes proyectos. Es impresionante la energía que comparten. Sí, “comparten», porque no la quieren para ellos. Saben que si uno le da amor a otro, los dos quedan cargados de él. Lo multiplican. Lo aprovechan. Ahí quizás esté su magia: es un movimiento sin fin que crece paso a paso, tanto en resultados como en participantes. Es contagioso. Como un virus bueno. Es el poder del compartir para mejorar. El poder de la felicidad. ¡Qué diferente del mundo competitivo que nos enseñan en la escuela y la universidad! ¿Verdad? Merece la pena implicarse. Creedme.

El pasado está ahí, inamovible. Con sus fallos y aciertos. No debe preocuparnos más que para aprender y para ser consciente de los caminos que hemos iniciado. Ahora toca avanzar. Todo camino se hace al andar. ¡Vamos allá! Continuemos…

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